El miedo, el estrés, la ansiedad, son emociones funcionalmente útiles ya que son herramientas para la supervivencia de las especies y los individuos. La emoción del miedo surge cuando interpretamos una situación como peligrosa o amenazante, es una emoción universal y una respuesta adaptativa.

El cerebro humano tiene la capacidad de crear, inventar, imaginar. Programados para sobrevivir, observamos los peligros que nos acechan, pero a diferencia del resto de animales tenemos la capacidad de proyectarnos hacia el futuro y de temer aquello que nos podría ocurrir.

No todos los temores son útiles. Con frecuencia sentimos miedo ante señales que no son objetivamente peligrosas sino que se corresponden con la interpretación subjetiva que hacemos de determinadas situaciones. Es entonces cuando aparece el miedo negativo, irracional, excesivo.

El miedo nos limita y que deja de ser una emoción para convertirse en una forma de ser. Cuando el miedo no es consecuencia de una amenaza objetiva es cuando se convierte en ansiedad.


Muchos viven tutelados por la ansiedad, se atan a personas y situaciones que les hacen sentir infelices. Pero sometidos al miedo temen arriesgar, experimentar cosas nuevas, y se ven atrapados en una tela de araña de la que cada vez les resulta más difícil salir. La mala gestión de esa emoción puede alejarnos de las cosas que realmente deseamos.


Cuando sentimos miedo parece que se activa en nuestro interior una señal luminosa que dice “no entrar” y obedecemos. Solo deseamos huir, escapar de esa sensación. Error. Debemos hacer todo lo contrario. Tomarnos un tiempo para analizarla, para descubrir si esa ansiedad se corresponde con un miedo objetivo o con uno irracional.

Algunas claves para afrontar el miedo

Profundiza en tu miedo. Intenta descubrir de donde viene, qué pretende. Quizá te ayude el preguntarte:

¿Contribuye a mi infelicidad?

¿Me impide satisfacer tus deseos y necesidades?

¿Es un miedo presente o pasado?

¿Real o imaginario?

¿Posible o probable?

¿Qué pensaré de esto que me preocupa dentro de… cinco años?

¿Y si no tuviera miedo?

¿Qué haría si no tuviera miedo?

¿Con quién estaría?

¿Cómo sería mi vida?

¿Qué mundo me impide conocer?

¿Qué personas me obliga a evitar?

¿Qué actividades he dejado de hacer?


“Solamente cuando dejas de huir de ti mismo comienzas a llegar a alguna parte”. Anónimo

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