Es posible que en alguna ocasión hayas escuchado el término “secuestro emocional”. Se trata de un concepto muy relacionado con las emociones que surge principalmente en una situación de conflicto. En este caso la persona se ve invadida de forma extrema por sus emociones, primordialmente negativas (miedo, ira, rabia).

Ante un secuestro emocional la persona pierde el control hasta tal punto que puede tener reacciones desproporcionadas. También puede llegar a cometer actos que de otra manera serían impensables. Una vez que la tormenta ha pasado es normal que aparezcan sentimientos de arrepentimiento e incredulidad por nuestra reacción.

 

¿De qué forma se produce un secuestro emocional?

 

Para comprender por qué todos podemos sufrir un secuestro emocional, es importante que sepamos que en nuestro cerebro tenermos una parte más automática y emocional (sistema límbico) y una parte más racional o pensante (neocortex).

Ante un secuestro emocional es el sistema límbico el que toma el control momentaneamente y de forma casi automática e imprecisa. Además, bloquea la parte pensante e impidiendo que demos una respuesta más controlada y racional.

En todo este proceso no podemos olvidar el importante papel de la amígdala que es la encargada de examinar el entorno en busca de posibles amenazas. Por esta razón a la amígdala también se la conoce como “el órgano del miedo”. Cuando la amígdala encuentra indicios de peligro da la señal de alarma y se activa todo el circuito automático de lucha o huída necesario para que se produzca el secuestro emocional.

Como consecuencia de todo ello se segregarán hormonas necesarias para escapar de un peligro o bien para luchar contra algo que atente a nuestra integridad física. También se reducirá el campo visual para concentrarnos únicamente en la fuente del peligro.

Y todos estos cambios se producen dejando de lado el neocortex, que nos podría volver más reflexivos y tratar de controlar nuestras reacciones.

Experimentar secuestros emocionales de forma frecuente nos puede traer consecuencias sociales negativas en nuestras vidas. Sin embargo no debemos olvidar que se trata de un sistema que ha evolucionado a lo largo de toda la existencia del ser humano con el objetivo de garantizar su supervivencia. Ante un mundo tan cambiante y peligroso es necesario disponer de un sistema automático que nos permita reaccionar lo más rápido posible ante un determinado peligro.

El problema surge cuando este sistema se activa de forma desproporcionada ante determinadas situaciones o estímulos. Es entonces cuando se produce el llamado secuestro emocional.

 

¿Qué podemos hacer para evitar sufrir un secuestro emocional?

En primer lugar debemos realizar un ejercicio de detección y análisis de forma previa a que la amígdala tome el control y se produzca el desbordamiento emocional

Podemos comenzar prestando atención a los síntomas que acontecen en nuestro cuerpo, es posible que nos notemos acalorados, inquietos, que nuestro ritmo cardíaco se haya acelerado. Todo ello son indicadores de que algo se está poniendo en marcha en nuestro interior.

Una forma de practicar la atención hacia nuestras sensaciones corporales es mediante el escaneo corporal (conocido en inglés como “body scan”). Se trata de una práctica meditativa que pone el foco en las distintas partes del cuerpo con el objetivo de “sentir” todo lo que acontece en ellas, ya sea calor, frío, cosquilleo, hormigueo, etc.

Una vez que hemos identificado esas sensaciones, podemos ponerles nombres con el objetivo de hacer trabajar la parte racional y quitarle fuerza a la emocional. De esta manera podemos detenernos y establecer cierta separación entre nosotros y aquello que estamos sintiendo. Así adquirimos el rol del observador que no se deja llevar por las emociones.

Para finalizar podemos utilizar algún mecanismo de escape de nuestra emoción con el objetivo de que nuestra excitación se reduzca. Como ejemplo puedes realizar 5 inspiraciones profundas y pausadas o simplemente contar mentalmente hasta 10.

Por último podemos analizar toda la situación con el objetivo de comprender qué situación o estímulos han desencadenado toda esa tormenta de emociones. Si comprendemos cuáles son los disparadores que nos han llevado a experimentar un secuestro emocional, podremos prepararnos mejor ante futuras situaciones.

 

Aprendiendo para el futuro

No todas las personas van a reaccionar de igual forma ante los mismos estímulos. Es posible que aquello que ha producido tu secuestro emocional, a otra persona le resulte completamente indiferente. Por ello es importante que te conozcas a ti mismo. Que sepas qué circunstancias o situaciones te hacen procesar la realidad de tal forma que acabe produciéndose un desbordamiento emocional.

El fín último no es aprender a controlar un secuestro emocional sino realizar un ejercicio de crecimiento personal y autoconocimiento que te ayude a procesar la realidad de forma más adaptativa.

En palabras de David R. Hawkins: “La predisposición a reaccionar con miedo, depende de la cantidad de miedo que ya esté presente en nosotros para ser desencadenado por un estímulo.”

Puedes sustituir la palabra miedo por ira o por enfado. Si disminuyes el miedo o la ira que ya se encuentra en tu interior, reducirás la predisposición a reaccionar de esa forma.

 

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