Las rutinas de nuestra vida acual se encuentran caracterizadas por largas jornadas de trabajo.  La necesidad de viajar a otras ciudades o países. El mantenimiento de un hogar. La presión social y publicitaria de lo que se supone que necesitamos en nuestras vidas para hacerlas perfectas. Las deudas. La evolución del concepto de autorrealización. La necesidad de nuevos conocimientos producto de la competitividad y la demanda en los empleos. A todo esto le tenemos que sumar la creación de una familia y la vida social en un mundo cada vez más interconectado. Pregúntate: ¿realmente es esto lo que quiero?

Las responsabilidades como adultos, sobre todo si tenemos personas a cargo, parecen inundar nuestras vidas de un modo en el que comenzamos a creer que no hay cabida para nuestros sueños, a los cuales me referiré en este artículo como nuestros “quiero, pero no puedo”.

«El año que viene veré si por fin puedo viajar»

«Guardaré ese vestido para cuando pueda volver a usar esa talla»

«Algún día seré músico»

«Me gustaría haber podido ir a un safari alguna vez»

«En otra vida quizás sea escritor»

«Me encantaría poder dejar de fumar, pero no puedo»

Es probable que en algún momento de tu vida, te hayas sentido identificado con cualquiera de estas frases, en las cuales resumimos nuestra incapacidad para materializar lo que pensamos: “Quiero, pero no puedo”.

Son muchos los factores que intervienen en el proceso entre tener una meta y convertirla en realidad. Además, tendemos a catalogarlas como imposibles debido a una mala situación económica, a nuestras rutinas diarias que no nos dejan tiempo para nada junto al sentimiento de que no estamos preparados para los retos. Por si fuera poco, podemos ver a jóvenes con mucho talento hacer aquello que nosotros soñamos y caemos en el error de pensar que a nosotros ya se nos pasó la hora.

Parece como si el destino nos quiera hacer creer que no hay tiempo para tanta vida y que lo que imaginamos por la noche antes de dormir quizá no es tan importante después de todo.

Te voy a contar un secreto, en realidad existen más cosas que no cumplimos como consecuencia de un «puedo, pero no quiero» que de lo contrario (no puedo, pero quiero). En una vida en constante evolución, las posibilidades son infinitas. Lo primero que debes hacer es ponerle fecha a tus metas. Ese «Algún día” no te va a acercar a tu objetivo, debes tomártelo en serio y ser más concreto con tus objetivos.

Por supuesto que esta manera de pensar no implica establecer sueños y metas de manera irracional cuando sabes perfectamente que escapan a tus posibilidades. Si no tienes una buena voz para cantar no te vas a convertir en el próximo Freddy Mercury por mucho que te esfuerces.

Te dejo algunos consejos para ayudarte a dar el primer paso:

 

Establece tus prioridades

Intenta conseguir un equilibrio entre tus necesidades económicas, familiares y lo que te gusta hacer. A veces cometemos el error de pensar que si no es algo que nos genere ingresos, no es importante. Pero sí que lo es, tu salud mental y emocional es tan importante como la física.

Levantarte de la cama para hacer lo que amas no solo te ayudará a tener un mejor humor durante el día, sino que te permitirá afrontar los problemas desde otra perspectiva. Además, modificará tu percepción de lo alcanzable y te hará dar lo mejor de ti mismo cada día para tu familia. Te incentivará a reinventarte, te hará más fuerte, más seguro, y más feliz.

 

Organízate

Ya que sabes lo que quieres, organiza tu tiempo y tus finanzas para hacerlo posible. Cambia tu vida del modo automático y aumenta tu conciencia sobre aquello que haces. Saca de tus planes lo que no te hace falta y dale lugar a lo que realmente te aporta valor y te acerca a tus objetivos.

Algo tan pequeño como dejar de gastar dinero en esa caja de cigarros diaria y utilizar el dinero en un gimnasio pueden marcar una inmensa diferencia en el largo plazo. No tiene que ser un cambio drástico, puedes ir gradualmente dando pequeños pasos, solo debes intentarlo.

Elimina lo dañino

En la vida hay que cerrar algunas puertas para poder avanzar. Renuncia a ese trabajo que odias. Múdate. Arriésgate a nuevos negocios. Rodéate de personas que te nutran espiritualmente. Abre tu mente. Mantente saludable. Paga tus deudas. Cumple con lo que prometes. Sé fiel contigo mismo y con los demás y sonríe. Acuéstate a dormir todos los días con la satisfacción de que diste lo mejor de ti mismo para alcanzar ese objetivo que te has marcado.

Confía

Para que los demás crean en ti, debes comenzar desde adentro. No te conformes con vivir pensando «¿Qué hubiera pasado si…?»

Inténtalo, replantea tu objetivo si es necesario, date la oportunidad de aprender y crecer siendo lo que quieres y no lo que los demás esperan que seas.

 

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