Todos tenemos aspectos de nuestra vida que queremos mejorar o cambiar. Miedos que necesitamos superar y problemas que debemos solucionar.

Pero, siendo realista, las personas somos muy cabezotas y antes de pedir ayuda intentamos hacerlo todo por nuestros medios. Esta bien, hay que intentarlo. Así que aquí dejo una pequeña guía para saber por dónde empezar.

 

1. Conócete

Tus defectos, tus debilidades, tus miedos, tus límites…

Tus cualidades, tus puntos fuertes, tus ventajas, tus herramientas…

Si te conoces, puedes saber lo que necesitas y lo que no, lo que quieres y lo que no.

Si te conoces y sabes lo que necesitas y lo que quieres, puedes saber dónde o cómo buscarlo.

Si te conoces, puedes utilizar tus cualidades para ayudarte a cambiar tus defectos.

Si te conoces, puedes saber hasta dónde puedes llegar solo y donde necesitas ayuda para llegar.

¿Te conoces?

¿Eres nervioso o tranquilo? ¿Más visceral o más reflexivo? ¿Qué cosas te dan vergüenza? ¿Te asusta la soledad? ¿Qué cosas haces para que los demás te acepten? ¿Sabes decir “no” cuando quieres decir “no”? ¿Qué cosas te producen inseguridad? ¿En qué te sientes seguro? ¿Qué te gusta de ti mismo? ¿Qué no te gusta? ¿Te caes bien? ¿ Eres egoísta? ¿Eres rencoroso? ¿Tomas decisiones por miedo? ¿Haces lo que quieres o haces lo que debes? ¿Te gusta la vida que tienes? ¿Tomas decisiones o te dejas llevar por las cosas que te suceden? ¿Eres enamoradizo? ¿De qué te enamoras? ¿Eres libre? ¿Eres honesto?

 

2. Acéptate

Para cambiar es imprescindible que te aceptes tal cual eres en este momento.

Lo bueno y lo malo. Tus aciertos y tus errores. Tus triunfos y tus fracasos. Lo que adoras de ti y lo que detestas.

Acepta que no eres culpable de aquello que no has sabido hacer diferente. Nadie nace sabiendo.

Acepta que no has hecho las cosas mal expresamente. Nadie se hace daño a sí mismo por gusto.

Acepta que cometer errores es humano y que todos tenemos derecho a intentar hacer la cosas de modo distinto.

Cuando nos aceptamos tal cual somos, con nuestra parte maravillosa y con nuestra parte más oscura, empezamos a ser conscientes de las cosas que debemos mejorar y de las cosas que debemos cambiar.

 

3. Entiéndete

Pregúntate por qué actúas como actúas.

¿Por qué soy celoso? ¿Por qué finjo que no lo soy? ¿Por qué soy inseguro en algunas situaciones? ¿Por qué soy una persona poco cariñosa o exageradamente absorbente? ¿Por qué tengo una actitud sumisa o excesivamente controladora? ¿Por qué soy una persona tímida o demasiado extrovertida? ¿Por qué me da miedo la soledad? ¿Por qué me cuesta hablar de mis sentimientos?…

No siempre encontrarás las respuestas inmediatamente. Tendrás que observarte en las cosas que haces, piensas o dices y analizar de dónde pueden provenir esos problemas.

Soy celoso porque me veo poca cosa y pienso que me van a abandonar. Soy inseguro en las relaciones porque creo que las personas se aprovechan de mí. Soy poco cariñoso porque me da vergüenza o porque en mi familia no son de expresar sentimientos. Soy una persona sumisa porque tengo miedo a que se enfaden conmigo. Soy una persona con tendencia a controlar porque no confío en nadie. Soy prepotente porque no quiero que piensen que soy tonto. Soy chulo porque quiero aparentar que no me duelen las cosas…

Si entiendes por qué actúas como lo haces, podrás trabajar en el problema principal. A veces intentamos dejar de ser celosos, cuando lo que tenemos que hacer es trabajar en la autoestima.

 

4. Trabaja

Una vez conozcas, aceptes y entiendas por qué eres como eres, toca trabajar.

Cuando nos sentimos bien con lo que hacemos, cuando tenemos ilusión y nos sentimos alegres, cambiar aquellas cosas que no nos gustan de nosotros o de nuestra vida resulta un poco más sencillo.

¿Qué cosas positivas puedes hacer por ti?

Puedes hacer aquel proyecto que tanta ilusión te hace.

Puedes alejarte de aquellas personas que te causan problemas.

Puedes ponerte en forma.

Puedes rodearte de gente nueva.

Puedes apuntarte a algún curso que te interese.

Nadie te conoce mejor que tú mismo. Por lo tanto, sabes qué cosas te hacen bien y qué cosas no.

Pero, cuidado, a veces creemos positivo aquello que nos produce un placer inmediato, pero recuerda que lo positivo es hacer todas aquellas cosas que sabemos que nos benefician a largo plazo.

Una borrachera o una llamada imprudente puede hacernos sentir bien en el momento, pero después tendremos que lidiar con las consecuencias.

 

5. Pide ayuda

Quizá crees que pedir ayuda es de débiles, pero no, es de valientes.

Quizá piensas que puedes tú solo. ¿Has podido hasta ahora?

Quizá te avergüenza pedir ayuda. ¿Acaso crees que eres el único que tiene problemas?

Podemos dejarnos ayudar de muchas formas. Podemos hablar con gente de confianza, podemos buscar personas con nuestros mismos problemas, podemos hablar abiertamente de lo que nos sucede o podemos buscar un psicólogo.

No tenemos que demostrar que somos los más fuertes, ni lo más independientes, ni los más resolutivos. Tenemos que demostrarnos que nos queremos lo suficiente como para hacer lo que haga falta por estar bien. Y a veces lo que hace falta para estar bien, aparte de conocerte, aceptarte, entenderte y trabajar es que seas capaz de admitir que no puedes hacerlo solo.

Cómo te he dicho al principio, es normal intentar hacer las cosas por uno mismo pero, cuando lo hayas intentado unas cuantas veces y los resultados no sean los deseados, deja ya de poner excusas y hazte el favor de buscar ayuda.

 

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