Existen muchos motivos por los cuales una pareja puede sufrir un divorcio o una separación. Puede tratase de problemas de comunicación, la aparición de una tercera persona, el desenamoramiento, etc.

Independientemente de cuál haya sido la razón de la separación, lo más importante para los niños es la manera en la que se haya llevado a cabo todo el proceso. En este sentido podemos encontrar separaciones constructivas o separaciones destructivas.

 

Separaciones constructivas

Los padres priorizan el bienestar de sus hijos por encima de cualquier desencuentro que hayan podido tener entre ellos. Se llegan a buenas soluciones relacionadas con la custodia, las pensiones alimenticias, las visitas etc. Cualquier problema que pueda surgir siempre se puede solucionar desde la comunicación.

 

Separaciones destructivas

En una separación destructiva los problemas no resueltos entre la pareja eclipsan el bienestar de los niños llegando en ocasiones a quedar descuidados.

Es común que ante este tipo de separaciones surjan los chantajes emocionales o incluso poner en manos de los niños algunas decisiones referentes a la nueva situación que deberían ser tomadas por los padres.

Además del tipo de separación, también es importante mencionar que existen dos tipos de factores que pueden implicar un cambio de actitud o malestar en los menores.

 

Factores que alteran su día a día

Los factores que alteran su día a día son dificilmente evitables y vienen asociados al cambio intrínseco que conlleva la nueva situación. No obstante sí que se pueden realizar algunas acciones con el fín de amortiguar el impacto de estos cambios en la vida del menor lo máximo posible.

 

Cambios en el lugar de residencia

En algunas ocasiones el divorcio puede ocasionar este tipo de cambios si el niño acaba conviviendo con el progenitor que abandona el domicilio familiar. En estos casos el niño tiene que enfrentarse a un cambio de residencia que implica la llegada a un nuevo colegio y tener que hacer nuevos amigos.

 

Pasar menos tiempo con alguno de los progenitores

Es normal que tras un divorcio o separación, el menor pase menos tiempo con sus progenitores del que estaba acostumbrado, sobre todo en los casos en los que la custodia recae sobre uno de los dos progenitores y es el otro el que realiza las visitas.

 

Cambios en el nivel adquisitivo

Es común que tras un divorcio se produzcan cambios en el nivel adquisitivo de alguno de los progenitores (o en ambos). Es importante hacer un esfuerzo, en la medida de lo posible, para que el nivel de vida que ha disfrutado el menor se vea afectado lo menos posible tras el divorcio o separación.

 

Aparición de terceras personas

Es normal que tras un divorcio aparezcan terceras personas (nuevas parejas de los progenitores) que pueden influir en la vida del menor. Es importante que durante esta transición se respeten los tiempos y las distancias para que el menor no sienta que la figura de su padre o de su madre está siendo sustituida.

 

Factores psicológicos

Además de los factores que afectan al día a día, que en ocasiones dificilmente se pueden solucionar, existen otro tipo de factores de un carácter más psicológico que conviene tener en cuenta para mantener el bienestar del menor.

 

Evitar las discusiones

Es muy importante evitar las discusiones delante del menor, ya sean de forma previa a la separación o durante el proceso. De igual forma no se debe criticar al otro progenitor en presencia del niño para que no se forme una imagen negativa que pueda llegar a perjudicar a medio plazo su relación con él o ella.

 

Mantener una actitud positiva

Es común que si uno de los progenitores no ha acabado de aceptar la separación, se muestre desmotivado, abatido o incluso depresivo.

De manera inconsciente el menor puede llegar a adoptar y absorber este tipo de actitudes, por ello es importante hacer un esfuerzo (aunque en ocasiones requiera de acompañamiento psicológico) para que el menor siga reconociendo al progenitor que siempre ha tenido.

 

Mantener una buena comunicación entre los progenitores

 Sin lugar a dudas, uno de los principales mantenedores del bienestar psicológico del niño es que siga existiendo una buena relación y comunicación entre los padres.

No únicamente por el hecho de que siempre va a ser positivo para un niño ver que sus padres se llevan bien y resuelven sus problemas y diferencias con una nueva comunicación, sino también porque podrán estar más atentos ante cualquier cambio de ánimo o actitud que detecten en el menor y que podrán contrarrestar con la información y el punto de vista que tenga el otro progenitor.

De esta manera podrán adelantarse y buscar soluciones a ciertas situaciones (baja autoestima, bajo rendimiento escolar, miedos, ansiedad) antes de que se conviertan en problemas más graves.

 

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