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La escritura terapéutica. Una propuesta

La escritura terapéutica. Una propuesta

La escritura terapéutica  te ayuda a expresar y canalizar tus sentimientos y emociones, a ordenar  o reestructurar tus ideas y pensamientos.

Utilizada como técnica, la escritura terapéutica es una herramienta a tu alcance que te permite conectar directamente con tu  interior y crear un diálogo contigo mismo.

La escritura terapéutica se propone como un ejercicio a través del cual puedes salir reforzada por tu propia narrativa. Se trata de crear una forma más de escucharte, de fortalecerte y de encontrarte. De crear un discurso más sólido que arroje claros sobre el oscuro que plantean los problemas.

La psicoescritura no pretende crear una relación directa con el “buenhacer” literario. No se trata de que seamos buenas escritoras o escritores, ni de crear nuestro propio estilo de prosa.

Su objetivo es mantener un estrecho vínculo entre lo que pensamos y lo que queremos expresar. La base de este acto trata, en primera y última instancia, de afrontar de frente los problemas, huir de la huida, conocernos.

La palabra es el instrumento con el que empezaremos a crear ese escenario y ésta no tiene porqué formar parte de estructuras sintácticas complejas, sino de mantenernos en conversación dando fuga a las emociones más fuertes. Para esto solo nos hacen falta palabras, dar nombres. Porque lo que no se nombra no existe.

La escritura no solo es escritura en tanto al acto de escribir, sino que produce la creación de un vínculo, como sucede con la música, con la pintura, etc. En la escritura el vínculo se desliza desde nuestro interior, pasa por nuestro pensamiento, por el brazo, la mano y en último momento será el dedo que dé fuerza para resultar una palabra producto de nuestra emoción.

Una forma de expresión que nos permite jugar con la tercera persona que nos ve desde una torre, más objetiva, o desde una primera persona, que nos permite ser egocéntrica poetisa que da valor a nuestras sensaciones.

No solo es, por tanto, el hecho de escribir, son los procesos de pensamiento que se retroalimentan entre cuando escribimos y cuando leemos.

No solo nos escribimos sino que nos leemos, lo cual convierte la actividad en un esfuerzo por entendernos, primer paso de la resolución de un problema, más allá de los agentes externos, la terapia propone la voluntad de querer por nuestra propia iniciativa, ya que nadie más escribirá lo que nosotras mismas escribamos.

Habrá tantas posibilidades como personas, lo cual nos convertirá en una particularidad que solo podemos entender a través de nuestra construcción como personas y nuestra construcción como experiencias.

Los monstruos que nos atemorizan pueden convertirse en ilusiones sólo a través de nuestra narrativa. Así el método crea diferencias entre quienes lo utilizan y quienes no lo hacen.

La terapia es un activo dentro de nuestras emociones, quienes son capaces de escucharse y presentarse el problema a sí mismas, luego podrán presentarlo ante otras personas, otras situaciones.

No somos Juan Rulfo, Dulce Chacón o Rosalía, somos nuestra propia línea de actuación, escribimos con la voluntad de expresar y que nos sirva.

Walt Whitman escribió una autobiografía sin nombrarse, sin describir sus hechos, escribió una forma de relatar su vida como un recorrido poético a través del cual deshilachaba un cesto que urdía tantas experiencias como días. León Felipe presentó el prólogo de “Canto a mí mismo” como una de las más fidedignas autobiografías, no como la consecución de logros, sino como un canto de experiencias vitales que contaban emociones y sensibilidades.

 

“Me celebro y me canto a mí mismo.

Yo lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,

porque lo que yo tengo lo tienes tú

y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también”.

(Canto a mí mismo, Walt Whitman)

 

 La escritura terapéutica: principios básicos

Céntrate en la situación que te afecta y escribe sin detenerte, sin tener en cuenta reglas gramaticales ni sintácticas. Es un ejercicio de conexión y liberación emocional, no una obra literaria.

Escribe sobre lo que te inquieta y que deseas guardar en tu intimidad.

Identifica las emociones positivas y negativas que te acompañan.  

Haz que tu historia sea congruente y tenga significado con la situación que te atañe.

Diversifica los puntos de vista: Relata los hechos desde diferentes ángulos y utiliza diferentes pronombres.

No te censures. Escribe con honestidad, procurando huir de la queja y el lamento.

La escritura terapéutica: Propuesta de ejercicio

Te propongo que realices este  ejercicio a lo largo de cinco días durante 20 minutos cada día.  

 

Primer día: Escribe sobre lo que piensas y sientes en relación a la situación que te afecta. Explora el hecho y escribe sobre cómo te afecta. Puedes vincularlo a otros aspectos de tu vida: a tu infancia, a tus padres o a las personas que han tenido un papel importante en tu vida.

Pregúntate cómo ese malestar afecta a tu vida actual y qué papel puede jugar en tu futuro y busca el nexo  entre la persona en la que te has convertido y la que te gustaría ser en el futuro.

 

Segundo día: Valora como tu reacción emocional y cognitiva ha influido en las diferentes esferas de tu vida e intenta comprender tu responsabilidad de manera positiva en todo lo que ha sucedido para que en el futuro no vuelvas a cometer los mismos errores.

 

Tercer día: Explora la situación desde diferentes puntos de vista, asumiendo la situación de manera más objetiva, como lo haría un observador externo.

 

Cuarto día: Reflexiona sobre todo lo que has escrito, revisa tus notas y escribe  lo que has aprendido, en cómo esta situación ha determinado tu comportamiento y cómo podría ayudarte en el futuro.

 

Quinto día: Transforma la situación en una historia corta, como si fuera un cuento. Te ayudará a dar sentido a tu vivencia dolorosa y perderá su impacto emocional.

 

Artículo escrito en colaboración con Lionel Víctor García González

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