La comunicación es esencial en las relaciones y la empatía es un mecanismo imprescindible para esta socialización. Ponernos en lugar de la otra persona, entendernos y comprendernos forma parte de nuestro bienestar emocional y psicológico, que es esencial para avanzar en nuestras relaciones y vivir de una manera más sana.

¿De qué hablamos cuando decimos empatía?

¿Quién es John Coffey? Me pregunté. Cuando era pequeño vi una película, La Milla Verde, es un clásico. Quizá porque era pequeño estará mitificada, pero de la película me llamaron la atención varias escenas casi milagrosas, espirituales, del personaje John Coffey.

Me llamó la atención esa capacidad de absorber los horrores de las otras personas como si absorbiera su universo, acto que en la película se expresa como algo mágico. Con luz y oscuridad. Todo era absorbido por el personaje, capaz de sacar, de entender, todas esas cicatrices tormentosas y liberarlas. Bueno, me llamó la atención y creo que viene como anillo al dedo.

¿Qué es este acto mágico, espiritual? La Milla Verde narra historias desde una cárcel, desde una cárcel de hombres, y por eso quizá lo interpreta un hombre grande y negro. ¿No podrían haberle adjudicado el papel a una mujer?

Y es que la empatía tiene que ver con las capacidades de relacionarnos, nada que ver con la acumulación, nada que ver por distinguirnos, separarnos, ser más individualistas. Nada de eso, sino con vincularnos.

¿Qué está pasando con la empatía entonces? Estudios aseguran que desde los últimos años perdemos en esta capacidad, perdemos hasta un 40% entre 2000 y 2010 (si es que pudiéramos cuantificarla) según estudios de la Universidad de Mitchigan. Y me sigo haciendo preguntas, ¿nos alejamos más en este mundo que parece que todo está más cerca?

La comunicación y el lenguaje, en todas sus dimensiones es la base de nuestras relaciones. En su definición más primaria el lenguaje está basado en ideas y emociones. Es nuestra capacidad de dialogar verbal y no verbalmente.

Si hemos escuchado la frase “la empatía es ponerse en el lugar del otro” seguramente la identificamos con la idea de que para “empatizar debemos sumergirnos en los sentimientos del otro”.

Y, aunque se necesita a otra/otro, también se necesita un “yo”. Una buena definición es la que relaciona la empatía con “la experiencia afectiva del estado emocional de la otra persona y el reconocimiento de ese estado emocional”. Si no hay reconocimiento, no hay comunicación.

Leí en un poema que para que dos corazones latan al mismo tiempo tienen que vaciarse de ira, de engaño, de odio… La empatía tiene que ver con eso, expresar es soltar parte de nuestro universo más interno y dos universos jamás serán idénticos, pero siempre podrán ser compartidos.

Cómo entender el conflicto desde la empatía

Los conflictos emocionales surgen cuando existe un vínculo y no conseguimos despegarnos, cuando no conseguimos disociarnos como si separáramos el movimiento de ambos brazos.

Es decir, no confundir empatía con simpatía. Esta última sucede cuando proyectamos nuestra propia subjetividad sobre la otra persona y damos consejos, corregimos… La simpatía puede surgir cuando existe afinidad con la persona y cuando buscamos aprobación; mientras que la ausencia de simpatía tiene que ver cuando no tenemos afinidad y nos mostramos ajenos. Ni tan cortos ni tan largos….

La empatía debe entenderse desde la experiencia cognitiva y emocional, requiere escucha activa y atención. Focalizar quien nos habla, cómo nos habla y qué nos comunica. Tanto con palabras como sin ellas. La comunicación no verbal resulta a veces un modo de expresarnos aún más directo que el que podemos hacer con palabras. Tanto movimientos como posturas y tono de voz.

Construir puentes a partir de la empatía

Se habla de búsqueda de puentes. La comunicación puede ser dos tierras, dos lugares separados por un río. Hablar desde ese espacio, desde el “yo”, desde mi tierra, desde mis raíces y no desde “lo otro”, facilita la construcción de un puente de piedra que resiste el agua y no uno de madera que al final desgasta la fuerza de un caudal caótico.

Es decir, evitar el egocentrismo (mis emociones no son las únicas), la crítica (siempre más aguda en personas con las que nos sentimos más apegadas) o la simplificación (se ha puesto de moda el término “relativizar” y nos olvidamos que cada persona tiene su lucha).

Dicen que las artistas, poetas, cantantes, en general, gente que expresa su universo de dentro a fuera, son egoístas. Y siempre escucharemos que los poetas más clásicos, más existencialistas, son egocéntricos. Equilibrarnos con nuestro yo que tiene algo que contar y con quien creamos una línea comunicativa, es parte del proceso de la empatía.

La empatía no entiende de eso, de egocentrismo, no entiende de “hombres cuyo problema es el único en este mundo”, sino de la comprensión de otros problemas que afectan y no son exclusivos. Salir de esa exclusividad para compartir experiencias, para relacionarnos.

Víctor García González

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