La preocupación es el paso previo a la acción, es un recurso adaptativo facilitador ya que nos ayuda a prepararnos para lo que pueda ocurrir. Una de las fuentes de la ansiedad es la preocupación.

 

La preocupación como antesala de la ansiedad

La preocupación se convierte en una sensación dañina cuando inunda nuestra mente de pensamientos negativos que generan inseguridad y miedo, nos invaden anticipaciones negativas, insistentes e irracionales que surgen de la nada.

Sentimos miedo a que las cosas salgan mal ante peligros que ni siquiera son perceptibles por las demás personas y que hacen que nos concentremos en el miedo a perder el control en una situación que consideramos de riesgo.

Esta es  la clase de pensamientos que hacen que la ansiedad se manifieste de forma física.

Preocuparnos en exceso no va a hacer que encontremos una mejor solución ante un problema; al contrario, nos bloquea el pensamiento y paraliza el cuerpo.

 

Estrategias facilitadoras

 

Se trataría entonces de desarrollar estrategias facilitadoras que nos ayuden a analizar el peligro de cada situación correctamente y de manera realista, y a reaccionar según las condiciones del contexto.

Gestiona tu ansiedad

La ansiedad es un recurso biológico que nos pone en estado de alerta ante una situación de peligro en situaciones determinadas y concretas.

La ansiedad es un estado de angustia que hace que nos sintamos inmersos en  un estado de inquietud y alerta desproporcionada, padezcamos ahogos, mareos, tensión muscular, palpitaciones, respiración rápida, sudoración, sequedad de la boca, bloqueos mentales, estados de confusión e irrealidad, desconcentración a la hora de seguir el hilo en una conversación y olvido de palabras, dificultades para conciliar el sueño…

Hay distintos grados de ansiedad en función de la diversidad de situaciones que la provocan y la intensidad con que se manifiesta.

Herramientas para combatir las preocupaciones

Existen herramientas para combatir las preocupaciones y hacer frente a las situaciones en que aparece. Vamos a ver algunas:

El modo de pensar y expresarse, el vocabulario, condiciona la actitud, las emociones, el comportamiento. Antes hemos visto cómo la ansiedad hace que aparezcan pensamientos negativos que generan inseguridad, pensamientos del estilo: “qué mal lo estoy pasando, no podré hacerlo, va a salir mal, tengo miedo…”.

Te propongo que cambies tu lenguaje a la hora de expresar tus pensamientos y tus emociones.

Algo que puede ayudarte a llevar a cabo ese cambio es la escritura: seguro que si escribes cómo te gustaría enfrentarte a una situación que consideras peligrosa, y anotas los pensamientos que crees que te ayudarían a plantarle cara, encontrarás los recursos para acabar con esa sensación de angustia. 

Tú tienes el poder de elegir los pensamientos que llenan tu mente. No se trata de evitar esos pensamientos, sino de analizarlos y observar la situación. Escribir te ayudará a encontrar en tu mente los pensamientos necesarios para afrontar esas situaciones.

Rodearte de pensamientos negativos o concentrar tu atención en las preocupaciones hará que se activen todos esos recursos biológicos que funcionan cuando existe un peligro, y terminará por desencadenar aquellos síntomas que hemos descrito al principio.

Te invito a que practiques meditación, a que dediques unos minutos a darte cuenta de las cosas positivas que te rodean. Disfrutar de los momentos agradables concentrándote en ellos ayudará que no te vengan a la cabeza los pensamientos molestos.

Enfréntate a los nuevos retos sin miedo, desde la apertura al aprendizaje. En la vida nos equivocamos, aprendemos y rectificamos. existe el riesgo, y eso no es algo malo. Permítete el derecho de fallar.

Es innecesario e incluso contraproducente evitar lo que se teme. Sólo plantando cara a esas situaciones, pensamientos y sensaciones que te producen malestar será cuando te des cuenta de que no eran tan dramáticas como pensabas, y sobre todo, de que eres capaz de superarlas.

Si consideras que las preocupaciones no te dejan vivir la vida plenamente, podría ser necesario que comiences un tratamiento para la ansiedad.

Ilustración de portada: Sandra

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Psicóloga en Madrid Mª José González

Autoestima, Depresión, Terapia de Pareja, Ansiedad

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