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    Psicóloga en Madrid especialista en técnicas eficaces para tu bienestar emocional.

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La ansiedad me da hambre

La ansiedad me da hambre

¿Quién no ha sentido hambre al poco rato de haber comido? ¿Quién no se ha dicho alguna vez “me apetece algo… pero no sé bien qué”?

No siempre comemos porque tengamos hambre, sino también por placer, tristeza, aburrimiento, estrés...

Las prisas y el estrés están tan integrados en nuestra manera de vivir que ya forman parte de nuestra realidad cotidiana. Todo lo que rodea a la comida y al acto de comer  se ha convertido en un recurso fácil y rápido, pero equivocado, para calmar la ansiedad y otros estados emocionales.

 

La ansiedad y el hambre

Tener sensación de hambre es fundamental para la supervivencia, por eso nuestro cerebro está programado para regular automáticamente nuestro apetito.

El deseo de comer es una señal de aviso de una determinada necesidad fisiológica: cuando disminuye el nivel de azúcar en sangre, el hipotálamo activa hormonas que nos avisan de la necesidad que tiene nuestro cuerpo de llenarse de nutrientes, y cuando esta necesidad orgánica se ha satisfecho, estas señales se desvanecen. 

En los seres humanos este proceso natural y automático puede verse alterado, y hace que sintamos hambre aun cuando esta necesidad está físicamente saciada.

Si la mente está tranquila, el cuerpo no necesita un exceso de comida. Nuestro estado emocional puede hacer que sintamos un hambre voraz y que estemos constantemente pensando en comida, o que por el contrario seamos incapaces de comer o nos distraigamos tanto que nos olvidemos hasta de comer.

La ingesta de comida disminuye momentáneamente ante emociones negativas tales como la ansiedad, la tristeza, el estrés… el acto de comer es un reforzador positivo natural que “distrae” de manera temporal estas emociones, por lo que algunas personas confunden las sensaciones físicas de ansiedad o estrés con el malestar físico que produce la sensación de hambre.

 

En otros casos, personas con una no adecuada percepción física de su cuerpo y por  temor a engordar o deseo de adelgazar, empiezan controlando lo que comen y acaban desarrollando actitudes y comportamientos obsesivos hacia la comida.

 

 

Hambre emocional

Muchas de nuestras emociones están asociadas a la comida y al acto de comer: por ejemplo, ante el llanto de un bebé la respuesta inicial y casi refleja de los padres es alimentarle.

Y ahora puede que cuando tenemos ganas de llorar, o cuando nos sentimos tristes, o cuando nos abruma la soledad o necesitamos afecto, etc.,  también se nos despierte el hambre y comamos en exceso, más que para alimentarnos para compensar algo que nos falta.

Esta situación emocional hace que comamos de manera inconsciente, sin importarnos los nutrientes de nuestra alimentación y nos sirvamos de la comida para aliviar o huir de las tensiones cotidianas, disfrazando nuestra hambre emocional de apetito. 

La comida no es un mecanismo adecuado para regular nuestras emociones, por lo que es muy importante que reconozcas y atiendas de manera adecuada a tus disparadores emocionales: tristeza, angustia, miedos, estrés… para que no desarrolles hábitos alimenticios no saludables que deriven en trastornos de alimentación.

 

 Tratamiento psicológico de la ansiedad por la comida.

El entorno en el que has crecido, tu  historia de aprendizajes, etc., son aspectos  muy importantes a la hora de fijar una relación saludable con la comida o no.

Con el tratamiento psicológico adecuado puedes:

-Desarrollar hábitos de alimentación saludables que te permitan mantener un peso corporal adecuado a tu edad y constitución.

-Modificar los pensamientos o creencias desadaptativas que se encuentran en la base del trastorno de alimentación.

-Establecer una  relación saludable con la comida. Así disfrutarás y no dependerás de ella.

-Desarrollar un concepto realista de ti y de tu cuerpo.

-Mejorar tu autoestima y la autoconfianza.

 

 

CUIDA TU CUERPO: VIVES EN ÉL

Cuídate bien. Préstate atención y distingue entre tu hambre físico y emocional. Tu cuerpo no sólo necesita nutrirse con comida, sino tu mente y tu espíritu con autoconsciencia, seguridad, amor, valoración, sentido vital. Si tus necesidades están satisfechas, la comida será un placer entre otros.

Desde mi Centro de Psicología y con una metodología integradora basada en resultados, puedo  ayudarte a superar tus malos hábitos de alimentación y a que tu relación con la comida sea más sana y equilibrada.

 

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