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Inteligencia emocional ¿Haces lo que sientes?

Inteligencia emocional ¿Haces lo que sientes?

La inteligencia emocional te ayuda no sólo a gestionar tus emociones y las de los demás, sino a lograr tus objetivos. Es una habilidad que puedes desarrollar

 

 

CUALES SON LAS BASES DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL

 

La Inteligencia Emocional se basa fundamentalmente en el desarrollo de la empatía y la gestión de las emociones. Se asienta en cuatro pilares:

Autoconocimiento: Habilidad para reconocer las propias emociones.

Autocontrol: Capacidad para controlar y regular la conducta propia.

Empatía: Capacidad para conectar con las emociones de las otras personas.

Habilidades sociales: Habilidad en la relación con las personas.

 

DESARROLLA TU INTELIGENCIA EMOCIONAL 

  

Conoce tus emociones

 

La emoción  es un estado psicológico complejo que surge como reacción a un estímulo, interno o externo. Implica una experiencia subjetiva y provoca cambios orgánicos (fisiológicos y endocrinos) y comportamentales.

Las emociones juegan un papel adaptativo en nuestras vidas, tenemos una programación biológica para sentirlas y son universales aunque su expresión varíe en las diferentes culturas. No podemos no experimentarlas ya que nos servimos de ellas y nos ayudan a vivir adecuadamente aquello que nos rodea.

Cada persona, en función de sus vivencias, pensamientos, historia de aprendizajes… las experimenta de forma particular e influyen en la manera de percibir las situaciones que las han provocado.

Las emociones también nos permiten enviar señales de cómo nos sentimos para que los demás nos comprendan, al tiempo que al darnos cuenta de las emociones de las otras personas nos sirven de puente para construir relaciones afectivas profundas.

 

Identifica tus emociones

 

Las emociones básicas son cuatro, y a partir de ellas se generan todas las demás:

Miedo: Su objetivo principal es preservar la vida, por lo que se activa ante la percepción de un peligro. Es una de las emociones esenciales para la supervivencia; nos informa de que hay algo que nos amenaza y nos prepara para enfrentarnos a ello o huir. Su función psicológica es la de evitar un daño personal que lesione la identidad y la autoestima.

Alegría: Es una emoción que produce conductas de aproximación. Se experimenta ante la sensación de que “todo está bien”, e invita a compartir con los demás; establece nexos de unión entre las personas, satisface las necesidades de afecto, incrementa la flexibilidad mental y la creatividad.

Tristeza: Sobreviene tras haber sufrido alguna pérdida personal (amor, trabajo, estatus, sueños, de un ideal…)  Su función es la de facilitar  la introspección y el recogimiento reduciendo los estímulos del ambiente; tiene un efecto reparador ya que provoca la necesidad de reflexión y asimilación del daño sufrido.

Enfado: Es una emoción que se siente al percibir que alguna persona o situación, rebasa nuestros límites o no cumple nuestras expectativas. En su vertiente adaptativa, también nos prepara para la lucha o para la huida.

 

Localiza las emociones que hay tras tus acciones

A nadie le gusta sufrir y a menudo, cuando sientes que te dañan o tras algunas experiencias negativas y con el deseo de “no sufrir”, decides protegerte y desconectarte de las emociones para no sentir.

Pero con esto sólo lo que consigues es matar al mensajero. Las emociones dolorosas (las mal llamadas “negativas”) te previenen, por lo que debes entenderlas e intentar obtener de ellas toda la información posible para poder afrontar el reto del que te alertan. Las emociones no se pueden eliminar sino entender cómo influyen en ti.

Conocer y saber reconocer tus emociones te permitirá saber qué necesitas y por qué te sientes de una determinada manera, algo fundamental para el autoconocimiento emocional, el primero de los pilares básicos de una adecuada inteligencia emocional.

 

Amplia tu vocabulario emocional

Muchas veces las emociones primarias desencadenan otras emociones, y eso nos lleva al error de creer que lo que realmente estamos sintiendo es la emoción secundaria.

Es muy importante que cuentes con un vocabulario emocional rico con el que puedas describir tus sentimientos. No dominar este tipo de lenguaje limita tu  conocimiento sobre lo que estás experimentando, y reaccionas desde la oscuridad de no saber lo que te pasa.

Una vez que hayas reconocido tus emociones intenta especificarlas y hacerlas lo más concretas posible, ya que esto te ayudará a describir tu estado emocional.

El poner nombre a tus emociones te sirve para comprender lo que estás sintiendo y qué es lo que lo está motivando. No digas “Estoy enfadada” si las palabras que mejor describirían tu estado emocional serían apenada, ofendida, sorprendida… Especifica y describe lo que sientes.

Si profundizaras en qué ha provocado tu enfado, probablemente descubrirías que la emoción que lo ha causado es una tristeza no reconocida. Estás triste con tu amiga porque te ha decepcionado y te enfada el comprobar que tu amistad no tiene para ella el mismo valor que para ti.

 

Utiliza la empatía

La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar de la otra persona, de comprender sus acciones, pensamientos o sentimientos libre de prejuicios.

Es positivo acostumbrarse a pensar en los sentimientos puede haber detrás de las reacciones de otras personas. ¿Qué emociones y pensamientos puede estar experimentando esa persona? Si te está insultando, ¿es posible que te tenga miedo y crea que la mejor forma de defenderse sea alterándote?

La empatía tiene muchos aspectos positivos: facilita la comunicación, el consuelo, la resolución de problemas, etc. Pero también tiene otro extremo, el negativo. Vivir continuamente en zapatos que no son los tuyos te puede crear una desconexión emocional contigo y pasarte  una factura muy importante.

 

Expresa tus emociones de forma asertiva

 

Ahora que ya sabemos identificar nuestras emociones, ponerle nombre y comprender nuestras emociones y las de quienes nos rodean, la siguiente aventura es aprender a expresarlas mediante la  asertividad.

 

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