Las técnicas de inoculación de estrés tienen como objetivo ayudar al paciente a que aprenda ciertas habilidades que le permitirán disminuir o anular la tensión y activación fisiológica de su organismo. Además también le permitirán sustituir las cogniciones pesimistas y negativas por otras más optimistas que le permitan afrontar las distintas situaciones estresantes de una manera más adaptativa.

 

¿Qué es el estrés?

El estrés es un sentimiento de tensión física o emocional. Puede originarse a partir de cualquier situación o pensamiento que le haga sentir a uno frustrado, furioso o nervioso.

Es el cuerpo el que reacciona generando estrés para afrontar un desafío o una demanda. Cuando el estrés ocurre en cortos espacios de tiempo puede ser algo muy beneficioso ya que prepara a nuestro organismo para evitar o escapar de un peligro, o bien nos da la energía necesaria para trabajar y cumplir con una fecha límite por ejemplo. Sin embargo, cuando el estrés se mantiene de forma constante durante un largo periodo de tiempo, puede acabar dañando a la salud.

El estrés suele surgir como consecuencia de determinados procesos mentales: surge a causa de cómo evaluamos la situación que tenemos que afrontar. Es decir, el que definas una situación como estresante depende más de cómo la interpretes, y de los recursos que consideres que tienes en ese momento para afrontarla que de la situación en sí misma, percibida desde un punto de vista objetivo.

La respuesta de estrés es necesaria y adaptativa, pero cuando se prolonga o intensifica en el tiempo, la salud, el desempeño académico o profesional e incluso las relaciones personales o de pareja pueden verse afectadas.

 

Las técnicas de inoculación de estrés

La inoculación de estrés funciona como si se tratase de una «vacuna», de ahí proviene el nombre de «inoculación». El procedimiento para conseguir esa inoculación es muy sencillo, es necesario someter al paciente a situaciones estresantes que guarden mucha similitud con su problemática pero con una intensidad moderada que le permita poner en marcha las técnicas y habilidades aprendidas de forma gradual.

 

Fases de la inoculación de estrés

El procedimiento de inoculación de estrés consta de 3 fases bien diferenciadas: fase educativa, fase de entrenamiento (o adquisición de habilidades) y fase final de aplicación.

 

Fase educativa

En esta fase le damos información al paciente sobre el origen y el mantenimiento de los fenómenos emocionales que pueden llegar a suponer un problema. El objetivo de esta fase no consiste en eliminar el estrés, sino en considerar que las situaciones estresantes son problemas que tienen solución.

Posteriormente se define el problema en concreto del paciente y se establecen todas las relaciones funcionales entre los distintos elementos.

 

Fase de adquisición de habilidades

Esta es la fase de entrenamiento. En este momento el paciente debe ser capaz de poder distinguir entre las situaciones modificables de aquellas que no lo son. Cuando la situación se puede modificar, la persona deberá utilizar técnicas instrumentales cuyo objetivo es el control de la situación.

Cuando la situación no se puede modificar, la persona deberá poner en marcha técnicas paliativas centradas en las emociones que se están experimentando. Si no podemos hacer nada por cambiar la situación, lo único que nos queda es cambiar la manera en la que estamos reaccionando.

Fase de aplicación

La fase de aplicación constituye la última fase de la inoculación de estrés. Intentaremos que la persona se exponga a aquellas situaciones que le generan estrés o ansiedad de forma gradual, como si se tratara de pequeñas «vacunas» conductuales. Esta exposición se podrá realizar en vivo o bien de forma imaginada. El objetivo es poner en marcha todas las habilidades adquiridas en las fases anteriores y comprobar si existe algún problema a la hora de ponerlas en práctica.

Gracias a esta fase es posible comprobar la eficacia de las distintas técnicas y además resolveremos las dudas que pueda tener el paciente en su aplicación.

Existen 3 estrategias principales en esta fase:

Imaginación: La persona tratará de imaginarse con la mayor exactitud posible el afrontamiento de la situación que le genera estrés.

Ensayo conductual: La situación que genera estrés se escenificará de forma controlada y en un ambiente seguro. El terapeuta actuará como observador y podrá darle feedback y hacer comentarios sobre el desempeño de la persona en la situación.

Exposición in vivo graduada: La persona se enfrentará a la situación real que le produce estrés pero de forma gradual.

Una vez finalizadas las 3 fases, se suelen programar algunas sesiones más para prevenir posibles recaídas y fortalecer el aprendizaje de las nuevas habilidades adquiridas.

No tiene sentido preocuparse por las cosas sobre las que no tienes control, y si tienes el control, no te preocupes y haz algo al respecto. Ponte en contacto conmigo si quieres aprender a desarrollar estrategias para hacer frente a esta emoción.

 

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