Para poder relacionarnos de una manera equilibrada con las personas que nos rodean, es fundamental desarrollar empatía y compasión hacia nuestros semejantes.

Sin embargo antes de hacerlo es muy importante que aprendamos a poner el foco en nosotros mismos y también desarrollemos autocompasión y empatía hacia nosotros mismos. Para tener una buena relación con los demás, es muy importante y esencial haber desarrollado también una buena relación con nosotros mismos.

 

¿Cuál es la diferencia entre empatía y compasión?

Estos dos términos suelen confundirse y por esta razón es necesario remarcar cuáles son sus diferencias y semejanzas.

Por un lado la empatía hace referencia a la capacidad para ponernos en el lugar de la otra persona. Se trata de entender cuáles son sus emociones y sentimientos y comprender los motivos que se esconden dentrás de sus actos o palabras.

A través de la empatía podemos llegar a sentir lo que está sientiendo esa persona. Por otro lado la compasión se inclina más por la acción que lleva a liberar a alguien de su dolor. Mientras que la empatía se basa en el entendimiento, en «ponerte el el lugar del otro», la compasión tiende a la «reparación», a aliviar el dolor.

La empatía hacia uno mismo debería ser algo que diesemos por sentado, por que ¿quién va a ponerse mejor en nuestro lugar que nosotros mismos?

Sin embargo en ocasiones estamos tan desvinculados de nuestro interior y de nuestras emociones que no somos capaces de conectar con nuestra esencia y con nuestro espíritu y nos cuesta llegar a comprender la naturaleza de nuestros actos y de nuestras propias emociones.

Por si fuera poco podemos llegar a «machacarnos» demostrando muy poca compasión hacia nosotros mismos cuando hemos cometido algún error o no hemos conseguido alguno de nuestros objetivos.

Seguro que en muchas ocasiones has vivido ese «run run» en la cabeza que te acompaña durante días después de haber cometido ese error en el trabajo o no haber sabido dar una respuesta adecuada en una conversación.

A continuación voy a compartir algunas claves para desarrollar la empatía hacia uno mismo desde un planteamiento compasivo

 

Claves para desarrollar la empatía hacia uno mismo

 

Aprende a pedirte perdón

Al igual que cuando cometes un error con alguien te disculpas, también puedes desarrollar el hábito de disculparte contigo mismo. Cuando te disculpas, estás afirmando de manera incosciente que eres alguien digno de ser respetado y cuidado.

Eres alguien que merece una disculpa cuando las cosas no han salido de la manera esperada, ya sea como consecuencia de las acciones de los demás o por las tuyas propias.

Cuando te disculpas contigo mismo levantas una barrera que impide el paso a la recriminación negativa. No puedes disculparte y machacarte al mismo tiempo. Esto no quiere decir que no debas aprender de tus errores, pero siempre debes hacerlo desde un sentido de crítica constructiva y compasiva.

La crítica constructiva es empática, se pone en tu lugar y te ayuda a seguir avanzando y aprendiendo. Por el contrario la crítica destructiva aumenta el dolor y la desmotivación.

 

Háblate como si fueras tu mejor amigo

En ocasiones un amigo o un familiar puede haber cometido un error o haberse equivocado. Nosotros apreciamos a esa persona y queremos «reparar» y aliviar ese dolor que está sintiendo en esos momentos.

Aunque sepamos que se ha equivocado, seremos muy cuidadosos con nuestras palabras para no «echar más leña al fuego» ni incrementar la pesadumbre y arrentimiento que ya está sintiendo esa persona.

Cuando se trata de nosotros debemos tener el mismo esmero a la hora de utilizar palabras dirigidas a nosotros mismos. En nuestro interior sabemos que nos hemos equivocado, sabemos que hemos cometido un error, pero en este momento necesitamos una mano amiga (que también podemos extendernos a nosotros mismos) para que nos reconforte y nos ayude a aliviar el dolor que estamos sintiendo.

 

Trata a tu crítico interno con compasión

Este es quizá uno de los puntos más complicados. Acabamos de explicar la necesidad de pedirnos perdón, no machacarnos y hablarnos como si fueramos uno de nuestros mejores amigos.

Sin embargo esto no siempre es fácil de hacer y ese crítico interno que siempre nos acompaña podrá volver a levantar la mano en cualquier momento y hacer una nueva aportación no deseada ni esperada.

En este punto es donde se esconde la clave: no debes censurar de forma tajante a esa voz crítica ni tratar de silenciarla combatiéndola con el uso de palabras positivas.

En lugar de eso puedes optar por comprenderla, escucharla, observarla y suavizarla pero siempre desde el respeto y la compasión. Al fín y al cabo esa «voz crítica» también eres tú mismo, sigue formando parte de ti y debes tratarla con el mismo respeto y cariño con que tratas a otras partes más amables de tu personalidad.

 

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