Es común describir la tercera edad como una época de descanso y reflexión que ofrece oportunidades de realizar actividades que no pudieron ser realizadas en otros momentos de la vida, como recuperar un hobbie olvidado, viajar, aprender a tocar un instrumento e incluso estudiar.

Sin embargo, también existen una serie de problemas asociados fuertemente con esta etapa de la vida que pueden alterar el bienestar emocional de las personas de tercera edad, e incluso pueden desembocar en una depresión.

 

La tercera edad y la depresión

La depresión en ancianos o adultos mayores es un problema generalizado que, sin embargo, no debería verse como una parte normal del envejecimiento. Desafortunadamente en ocasiones es precisamente esto lo que ocurre y por ello no se reconoce el problema ni se recibe tratamiento.

Existen muchos síntomas de la depresión que pueden achacarse erróneamente al envejecimiento como pueden ser la fatiga y las alteraciones del sueño y apetito. Por esta razón es muy común ignorar la depresión temprana en adultos mayores.

Al igual que ocurre con los síntomas físicos que acabamos de comentar, también existen una serie de síntomas cognitivos que pueden ser confundidos con el proceso normal de envejecimiento como son la falta de confianza en uno mismo, la pérdida de la autoestima, la falta de motivación, o el deseo y la necesidad de estar solo.

Este «enmascaramiento» de síntomas hace que la depresión en la tercera edad sea mucho menos diagnosticada y tratada que en otros momentos de la vida. Sin embargo es necesario comprender que con un tratamiento adecuado siempre será posible mejorar el bienestar emocional de la persona, independientemente de la edad que tenga.

 

Causas de la depresión en la tercera edad

Existen muchas causas relacionadas con la depresión en la tercera edad, sin embargo entre las más comunes encontramos las siguientes:

  • Pérdida del cónyuge o amigos cercanos.
  • Traslado del hogar (a una residencia de ancianos o a casa de un familiar que le administrará cuidados)
  • Pérdida de la independencia (necesidad de ayuda para realizar las funciones básicas de aseo y alimentación)
  • Dolor y sufrimiento de forma crónica
  • Cambio de hábitos e inactividad al llegar la época de la jubilación.

Obviamente más que estos factores en sí, es la respuesta emocional de la persona a estas situaciones la que acaba produciendo una depresión.

No debemos olvidar que también existen una serie de factores biológicos que pueden ser causa de la depresión en mayores:

  • Alteraciones bioquímicas a nivel cerebral que pueden influir en la regulación de neurotransmisores como la serotonina y la dopamina.
  • Déficit vitamínico y de minerales asociado a la dieta
  • Enfermedades de las glándulas tiroides y paratiroides

 

¿Cuál es el tratamiento para la depresión en la tercera edad?

El tratamiento de la depresión en la tercera edad no difiere sustancialmente del tratamiento para la depresión en otros grupos de edad. Sin embargo sí que existen una serie de puntualizaciones y diferencias que comentaremos a continuación.

 

Cambios en los hábitos de vida

Es muy importante tratar de estimular la actividad física de los ancianos en la medida de lo posible. Además se debe remarcar la importancia de mantener y fomentar las relaciones sociales y familiares. 

La posibilidad de practicar algún tipo de deporte o de asistir a eventos sociales se reduce de forma significativa en esta etapa de la vida. Por esta razón es necesario implicarse de forma proactiva en la búsqueda y realización de este tipo de actividades.

 

Medicación

Los antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) son el tratamiento de primera línea para la depresión en la vejez. Está comprobado que algunos medicamentos como la sertralina, fluoxetina y paroxetina disminuyen los síntomas depresivos en mayor medida que el placebo.

 

Psicoterapia

La psicoterapia también es considerada de forma unánime como un tratamiento eficaz de primea línea para la depresión.

Entre los enfoques terapéuticos más extendidos y con mejores resultados destacan los tratamientos breves como la terapia cognitivo conductual y la terapia de resolución de problemas.

La terapia cognitivo conductual trata de identificar y reelaborar pensamientos negativos y sustituirlos por otros más adaptativos a la vez que se empuja al paciente a participar en actividades placenteras y eventos sociales.

A su vez, la terapia de resolución de problemas hace hincapié en el desarrollo de aptitudes del paciente con el objetivo de incrementar la capacidad de afrontar y resolver problemas.

 

Involucrar a la familia

La familia es uno de los factores más importantes de protección ante la depresión en el adulto. Es importante transmitir a la familia la necesidad de compartir tiempo de calidad con el adulto mayor para que se sienta acompañado y escuchado.

Si crees que tanto tú como un familiar puede estar sufriendo depresión, no debes permitir que el sufrimiento siga aumentando. Puedes contactar con un psicólogo especializado en depresión que te ayudará a recuperar tu bienestar emocional.

 

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Psicóloga en Madrid Mª José González

Autoestima, Depresión, Terapia de Pareja, Ansiedad

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