Quizá pensemos que perdonar es algo trivial, una acción rutinaria que realizamos cuando tenemos algún problema con alguien y éste nos perdona o nosotros a él o a ella. Sin embargo el acto de perdonar es mucho mas importante en lo que a nuestra salud psicológica se refiere.

El hecho de no perdonar sinceramente a alguien puede acabar convirtiéndose en un lastre que, aún con el paso de mucho tiempo, seguirá afectando a nuestra vida sin que ni siquiera seamos conscientes de ello.

¿Quién alguna vez no ha dicho “ no pasa nada, eso está perdonado” y al mínimo roce con la persona que tuvimos el conflicto empezamos a recordarlo. Y más allá de esto, si estamos suficientemente enfadados, volvemos a rememorarlo como si lo estuviéramos viviendo de nuevo. Le echamos en cara a esa persona lo que hizo, incluso hasta la saciedad. Todo esto no hace mas que afectar negativamente no solo a nuestra salud psicológica sino a nuestras conexiones cerebrales que intensifican modos de pensar negativos y perjudiciales para la salud.

Todo ello mantenido por largos periodos de tiempo crea un ambiente insano tanto dentro como fuera de nosotros mismos. Además también puede hacer que el comportamiento de la otra persona implicada hacia nosotros empeore cada vez más.

Comprender la situación y nuestra reacción

Es muy fácil decir que debemos perdonar cuando alguien nos ha dañado profundamente ya sea física, emocional o moralmente. Ocurre que de forma inconscientemente tanto nuestro cuerpo como nuestra mente se intentan defender de un agresor, sea este real o ficticio.

El cuerpo reacciona preparándose para la agresión o la huida. Nuestro instinto primario nos prepara para defendernos, y esto es algo completamente natural en el momento en que percibimos la amenaza, pero ésta es una situación que se da como instintiva en un momento concreto, segregando hormonas. Además también se acelera nuestro ritmo cardiaco y nuestra respiración, entre otras reacciones fisiológicas, y se crea un alto grado de estrés para ayudarnos ante la situación amenazante.

Ahora bien, si esa situación se rememora y no se elimina de nuestro pensamiento a través de un perdón sincero, lo que en un momento de peligro la naturaleza nos indujo como una ayuda, se acabará convirtiendo en una carga tanto física como emocional.

Intenta ponerte en el lugar de la otra persona

Para comenzar con el proceso de perdón, aunque es una tarea que requiere constancia y consciencia, nos será de mucha utilidad ponernos en el lugar de la otra persona. La mayoría de las discusiones o daños percibidos de otras personas hacia nosotros no siempre son realizadas con maldad consciente. En gran parte son pensamientos o comportamientos automáticos de ataque o defensa que la otra persona pone en práctica para defenderse, al igual que lo hacemos nosotros.

Así resultará de gran ayuda preguntarse ¿Por qué ha hecho o a dicho lo que ha hecho o dicho? ¿Realmente quería hacer daño con ello o solo intentaba defenderse?. En la mayoría de los casos la respuesta a la primera parte de esta última pregunta suele ser “no”

Si recordamos alguna vez haber estado en el otro lado de la discusión nos daremos cuenta de que también nos hemos arrepentido de decirle cosas a alguien que en realidad no pensábamos. Sin embargo, en el momento de la “contienda” salieron de nuestra boca sin que nos diéramos cuenta, y sin que realmente pensáramos de esa forma y después ya no había vuelta atrás.

Por supuesto que no es una excusa para tales comportamientos y no se trata de justificarlos, pero sí de conseguir acomodarlos y que poco a poco dejen de afectarnos de forma negativa, asimilándolos y pasando página.

Revisa tu percepción de lo ocurrido

Además de esto, será muy importante analizar si el daño ha sido real o percibido, debido a la tendencia natural que tenemos los seres humanos a interpretar los hechos desde nuestro propio punto de vista.

Un ejemplo lo encontramos cuando varias personas ven un suceso al mismo tiempo y cada una de ellas lo relata de diferente manera, ninguno miente y todos están en lo cierto. Sin embargo, cada uno de ellos uno se ha fijado en determinados detalles que le han llamado la atención y a su vez a obviado otros que a su mente no le resultaban importantes.

Al igual que en la situación de este ejemplo, en una discusión con otra persona tendemos a fijarnos o a interpretar datos desde nuestro punto de vista particular y eso no quiere decir que la otra persona esté expresando lo que nosotros creemos.

Si hemos tenido un “día de perros” y sentimos que nada nos ha salido bien, un simple comentario por parte de otra persona, como un inocente “déjame que ya lo hago yo“ , nos puede llevar a interpretar que la otra persona nos ha considerado torpe, inútil, incapaz… y nos consideraremos gravemente insultados. Y todo lo que esa persona pretendía era simplemente ayudarnos porque quizá nos veía cansados.

Por tanto, analizar la situación, ponernos en el lugar de la otra persona y revisar nuestra percepción hacia lo ocurrido, son herramientas que nos serán de gran ayuda para dar nuestros primeros pasos aprender a perdonar.

 

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