¿Qué entendemos por comunicación agresiva?

La comunicación agresiva es una forma de comunicación en la que se emplea el lenguaje de forma poco empática, con falta de amabilidad e incluso con un cierto grado de manipulación con el objetivo de obtener beneficios personales.

Se produce comunicación agresiva cuando tratatamos de anteponer nuestros derechos, necesidades y sentimientos sin tener en cuenta los derechos, necesidades y sentimientos de la persona que tenemos enfrente. En este tipo de comunicación existe un ausencia total de empatía por parte del comunicador.

La comunicación agresiva no se da únicamente en el nivel verbal (aquello que se dice) sino también en el nivel paraverbal (el tono y volumen de la voz, gestos corporales, aspavientos, etc.)

Cuando alguien emplea este tipo de comunicación, el intercambio de información es prácticamente inexistente ya que el mensaje únicamente fluye de forma unidireccional. El emisor, en este caso quien está realizando la comunicación de forma agresiva, está centrado únicamente en sus propias emociones y mensaje, no prestando atención a la respuesta de su interlocutor.

Si ante esta situación la otra persona también comienza a comunicarse de forma agresiva, la conversación termina convirtiéndose en un cruce de reproches que no conducen a ninguna solución

 

Claves para gestionar la comunicación agresiva

La comunicación agresiva se manifiesta a través de los diferentes componentes presentes en el proceso comunicativo. Nos referimos tanto a los aspectos verbales, paraverbales, de actitud, contenido y entonación.

A continuación vamos a ver algunos puntos que puedes tener en consideración a la hora de controlar y modular un estilo agresivo de comunicación.

 

Controla tu agresividad verbal

Antes de decir algo piensa si realmente va a resultar útil para la otra persona. En ocasiones podemos caer en el error de pensar que la sinceridad siempre conduce a buenos lugares. Sin embargo el problema ante un elevado grado de sinceridad no está en lo que se dice sino en la manera en la que se dice.

Pregúntate si aquello que vas a decir realmente trata de ayudar a que esa persona se percate de algo que no está realizando de la manera correcta, es decir, una crítica constructiva, o por el contrario estás buscando una forma de descargar tu rabia que en absoluto va a ser bien recibida por la otra persona.

De hecho, hay muchas posibilidades de que un mensaje sincero pero dicho de malas maneras acabe generando un conflicto.

 

Controla los tiempos: deja hablar

Es muy común que en la comunicación agresiva el emisor practicamente monopolice el tiempo dedicado a hablar impidiendo el intercambio comunicativo con la otra persona. Aquí se demuestra una vez más el poco interés que tiene el emisor en conocer el punto de vista de su interlocutor.

 

Controla el volumen de tu voz y la entonación

El volumen de la voz es un factor fundamental en la comunicación agresiva. Prácticamente cualquier cosa que digas si lo haces con un volumen elevado de voz parecerá que lo estás diciendo de forma agresiva.

La entonación también es muy importante a la hora de evitar emitir un mensaje agresivo. Es posible comunicar de forma agresiva con la modulación de la entonación aunque no levantes la voz.

 

Controla tus gestos

El lenguaje no verbal puede transmitir agresividad casi en mayor grado que el verbal. Existen algunos gestos que pueden interpretarse como agresivos, desde mantener los puños cerrados mientras hablas, levantar los brazos, tener tensión en la cara o mantener la mirada fija con la persona que tienes enfrente.

 

Controla lo que dices

Y dejando de lado las formas, el contenido de lo que estás diciendo también puede resultar agresivo.

No es dificil transformar algo que en el fondo es una orden imperativa y darle forma de sugerencia. En lugar de decir “tienes qué” o “deberías” puedes comenzar la frase diciendo “¿has pensado que quizá sería mejor que..?” o “¿qué te parecería si…? ¿no crees que sería mejor si…?

De igual forma, si no te gusta un comportamiento o actitud de alguien puedes decírselo de forma que la persona no se sienta atacada. En lugar de criticar a alguien puedes criticar directamente a su comportamiento. Por ejemplo en lugar de decir “no me gusta que seas impuntual” podrías decir “me incomoda que llegues tarde cuando quedamos”.

Otro consejo respecto al contenido es evitar los “siempre” y los “nunca”. Ya sabes, cuando dices “tú nunca…” o “tú siempre…”, la persona que tienes enfrente probablemente se sentirá atacada y eso sea el desencadenante de un nuevo conflicto.

Otra característica formal de la comunicación agresiva es la emisión de múltiples preguntas a la vez, una seguida después de la otra. Aquí el emisor no está interesado en obtener feedback ni respuestas por parte de la otra persona, más bien lo que busca es precisamente que se vea desbordado y se muestre incapaz de dar una respuesta.

 

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