La nueva normalidad en la que estamos inmersos va a traer consigo una gran modificación en nuestros hábitos, costumbres e interacciones sociales. Esa costumbre tan española como es el salir a tapear con los amigos y picar todos del mismo plato va a quedar atrás. Por no hablar de los besos o abrazos, de casi obligado cumplimiento en cualquier encuentro.

Ayer mismo veía en las noticias que nos hemos vuelto más caseros. Que preferimos organizar una comida o cena en casa con nuestros allegados, familiares o amigos, antes que sufrir las incomodidades que implica en estos momentos salir a comer fuera.

Y no solo se trata de incomodidades como ver dónde encontrar sitio, llevar cuidado con las servilletas, sufrir las colas de los aseos y no olvidarnos de las mascarillas. También se ha instalado en nosotros un miedo perfectamente comprensible a que podamos infectarnos.

Cuando el enemigo es invisible, como en este caso, el miedo es mucho más dificil de erradicar. Además, durante estos dos meses de confinamiento hemos aprendido a realizar la asociación de que nuestro hogar es un sitio seguro y el peligro y la incertidumbre se encuentran en el exterior.

Es muy complicado romper esta asociación, que además ha sido reforzada por el bombardeo mediático inevitable al que hemos sido expuestos durante todo este tiempo. El conductismo es una corriente psicológica que explica este tipo de aprendizajes asociativos y se encuentra en las bases terapéuticas de cualquier tratamiento psicológico.

El peligro no se encuentra únicamente en el exterior, sino en las propias interacciones sociales con una distancia inferior a los dos metros. Aunque los encuentros ya estén permitidos, son muchas las personas que prefieren esperar un poco más antes de reencontrarse con sus familiares y amigos y volver a hacer una vida normal.

El inicio del confinamiento puso patas arriba todo nuestro mundo tal y como lo conocíamos. Nuestra vida social, familiar y laboral sufrió un revés de 180 grados. Conforme fueron pasando las semanas, poco a poco fuimos acostumbrándonos y adaptándonos a esa nueva situación y forma de vida.

Ahora, sin embargo, volvemos a enfrentarnos a una situación nueva, a eso que llaman «la nueva normalidad». Debemos aprender a convivir con el miedo y a no dejar que limite nuestras vidas, aunque eso sí, siempre tomando las máximas precauciones.

 

La resistencia al estrés y a la incertidumbre para gestionar el miedo

En psicología hay una serie de conceptos que hacen referencia a la capacidad que tenemos los seres humanos de resistir el estrés y tolerar la incertidumbre.

La tolerancia la incertidumbre explica la capacidad que tienen algunas personas para enfrentarse a situaciones en las que no existen soluciones claras o no se dispone de información suficiente. Algunas personas llevan bien esta incertidumbre y pueden desenvolverse con normalidad en su día a día.

A otras personas, sin embargo, esta incertidumbre les genera un estrés demasiado elevado que les lleva a buscar información por todos los medios con el fin de reducirlo.

Esta búsqueda de información es una estrategia de evitación activa que lo único que hace es incrementar el estrés y la ansiedad de dicha persona.

Volviendo al tema que nos ocupa, la extrapolación al coronavirus es clara: alguien con poca tolerancia a la incertidumbre y una baja resistencia al estrés buscará información por todos los medios sobre cómo combartir a ese enemigo invisible que se ha instalado en nuestras vidas. Indagará sobre peligros y formas de contagio, buscará información sobre los tests, etc.

Y lo más grave del asunto es que precisamente cuanto más tiempo dedique a intentar controlar lo incontrolable, menos tiempo invertirá en lo verdaderamente importante que no es otra cosa que simplemente vivir.

Que no se me malinterprete, mantenernos informados hoy en día es algo esencial. La información puede prevenir muchos nuevos contagios. Sin embargo debe llegar un punto en el que sepamos decir «basta» y aprendamos a vivir con cierta incertidumbre.

 

La aceptación

Una de las bases del equilibrio y bienestar mental reside en la capacidad de aceptar aquello que no podemos cambiar ni controlar. Actuar en contra de este principio forma parte del origen de múltiples alteraciones y trastornos mentales.

La aceptación no hace referencia únicamente a aspectos incontrolables que se encuentran en el exterior. La aceptación también nos ayuda a tolerar mejor nuestros estados emocionales internos, incluso nuestros miedos, sin hacer nada por eliminarlos ni reducirlos.

Sentir cierto miedo ante la situación que estamos viviendo es algo perfectamente normal e incluso adaptativo. Si nadie tuviese miedo, el número de contagios se dispararía.

Aceptar el miedo implica no querer eliminarlo ni reducirlo. Y para ello debemos evitar utilizar estrategias que lo único que conseguirán es perpetuarlo.

Si crees que enfrentarte a esta nueva normalidad te está resultando un poco más complicado de lo habitual, puedes contactarme y te ayudaré a dar ese pequeño empujón que necesitas para recuperar la vida que siempre has tenido.

 

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Psicóloga en Madrid Mª José González

Autoestima, Depresión, Terapia de Pareja, Ansiedad

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