La situación que ha provocado la pandemia de Covid19 nos ha obligado a enfrentarnos a un mundo hasta ahora desconocido. Nuestros hábitos y costumbres se han visto alterados. Por si fuera poco, este virus nos ha robado un derecho fundamental que puede ser considerado casi una necesidad: la oportunidad de despedirnos de nuestros seres queridos.

El elevado riesgo de contagio ha obligado a tomar medidas drásticas entre los infectados, lo cual implica separarlos de sus familiares y, en el peor de los casos, obligarles a esperar la muerte en soledad. Se trata de una situación muy dolorosa tanto para el propio afectado como para sus seres queridos. Por si fuera poco, el distanciamiento social impide la asistencia a velatorios o la celebración de funerales y entierros más allá de los conyuges o hijos.

A continuación pasaré a comentar las principales razones que pueden dificultar la vivencia de un duelo sano, y propondré algunas maneras para afrontar este momento tan difícil.

 

Ausencia de despedidas

A lo largo de la historia y en cualquier cultura, hay indicios y constancia de rituales «de despedida» para las personas que fallecen. A nivel práctico estos rituales pueden tener formas muy diversas de representación, pero todos ellos cumplen la misma función: despedir y honrar al fallecido. Está claro que algo tan extendido debe cumplir una función adaptativa muy importante.

En nuestra cultura fundamentalmente los rituales de duelo son 3: velatorio, funeral y entierro. Estos rituales ayudan a canalizar emociones otorgando un contexto rodeado de familiares y amigos en el que es más fácil aceptar la pérdida. Ante este escenario, llorar y sentir dolor es algo que se acepta y se entiende.

Cualquier muerte es un acontecimiento triste y traumático. Sin embargo la posibilidad de decirle adiós a esa persona actúa como un bálsamo que nos permite sanar y cicatrizar la herida de una forma más adaptativa. Si podemos decirle adiós a nuestro ser querido, de alguna manera sentiremos en nuestro interior que estamos cerrando un círculo, por muy triste y doloroso que nos resulte ese momento.

Dada la situación actual, puedes tratar de tomarte este momento como un pequeño paréntesis en el cual no puedes despedirte, pero lo harás cuando la situación recupere su normalidad. Para entonces podrás celebrar una misa en honor al fallecido o incluso un velatorio con amigos y familiares.

Mientras tanto existen algunas alternativas que pueden aplacar el dolor emocional que estás sintiendo. Una de ellas puede ser escribir una carta a modo de despedida en la que le cuentes a tu familiar cómo te sientes y lo que te habría gustado decirle durante sus últimos momentos.

 

Sensación de culpa

Entre los familiares puede instalarse una sensación de culpa por no haber acompañado a la persona durante sus últimos momentos. Es necesario no perder la perspectiva y ser conscientes de que esta situación escapa totalmente a nuestro control. No hay nada que podríamos haber hecho para que las cosas hubieran acabado de forma distinta.

De igual forma es importante caer en la cuenta de que hemos estado al lado de esa persona durante toda su vida, independientemente de que no hayamos podido acompañarle durante sus últimos minutos en el hospital. No podemos dejar que unos pocos días eclipsen el recuerdo y las alegrías de toda una vida.

También debemos tratar de eliminar de nuestra mente esa imagen de nuestro familiar en completa soledad en la cama del hospital. Probablamente durante sus últimos minutos haya estado acompañado de miembros del personal sanitario transmitiéndole cariño y tranquilidad.

 

Recuerdo negativo de todo el proceso

Mantener el recuerdo negativo de todo esta situación es una piedra en el camino que dificultará todo el proceso de duelo. Todos nos acordaremos de esta situación durante el resto de nuestras vidas. Cualquier acontecimiento que implique una alteración emocional (ya sea positiva o negativa) favorece el recuerdo de dicho acontecimiento. Seguro que recuerdas perfectamente qué estabas haciendo el día del atentado de las Torres Gemelas.

Con la situación de pandemia actual ocurrirá algo parecido. Al ser algo más dilatado en el tiempo que englobará varias semanas o incluso meses, quizá no recordemos con detalle qué estabamos haciendo específicamente cada día de la semana en concreto. Pero sin lugar a dudas sí que recordaremos cuál era nuestra situación vital en este momento: dónde y con quién vivíamos, en qué estábamos trabajando, qué ilusiones o proyectos teníamos y cuáles de ellos se vieron truncados, etc.

Si además hemos tenido la fatalidad de perder a un ser querido como consecuencia del Covid19, el recuerdo negativo de todo el proceso hará más difícil que una persona pueda «sanar» ese dolor.

Si cuando todo esto acabe sientes que no acabas de sanas tu dolor, es posible que haya derivado en un duelo patológico. Puedes contactarme con total confianza y trataré de ayudarte y ofrecerte las herramientas necesarias para superar todo este proceso.

 

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Psicóloga en Madrid Mª José González

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